El Síndrome del Impostor: Cuando el éxito se vive como un error
El síndrome del impostor es una de esas experiencias silenciosas que no suelen aparecer en el currículum, pero que acompañan a muchísimas personas a lo largo de su vida profesional y personal. En este artículo vamos a profundizar en qué es el síndrome del impostor, cuáles son sus causas, cómo se manifiesta y qué se puede hacer para gestionarlo en el ámbito personal y profesional. No distingue entre edad, sector, experiencia ni logros. Puede aparecer en alguien que empieza y también en alguien con décadas de trayectoria. Lo curioso es que suele afectar con más intensidad a quienes, desde fuera, parecen más competentes.
Este texto no pretende diagnosticar ni ofrecer soluciones mágicas. La idea es entender qué es el síndrome del impostor, por qué aparece, cómo se manifiesta y qué podemos hacer para convivir con él sin que nos paralice. Porque eliminarlo del todo no siempre es posible, pero aprender a ponerlo en su sitio sí.

¿Qué es el síndrome del impostor?
El término “síndrome del impostor” fue acuñado en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes. Lo utilizaron para describir un patrón de pensamiento recurrente en personas con alto rendimiento que, pese a tener evidencias objetivas de su competencia, sienten que no merecen sus logros.
Quien lo padece suele pensar que ha llegado hasta donde está por suerte, por casualidad o porque ha sabido engañar a los demás. Vive con la sensación constante de que, en cualquier momento, alguien descubrirá “la verdad”: que no es tan bueno, tan capaz o tan inteligente como aparenta.
No se trata de humildad ni de una sana autocrítica. Es algo más profundo y persistente. Aunque se reciban elogios, reconocimientos o resultados positivos, estos se minimizan o se atribuyen a factores externos.
¿El síndrome del impostor es un trastorno psicológico?
Es importante aclarar algo desde el principio: el síndrome del impostor no es un trastorno psicológico reconocido en los manuales diagnósticos. No aparece como tal en el DSM ni en la CIE.
Sin embargo, que no tenga una etiqueta clínica oficial no significa que no tenga consecuencias reales. Puede generar ansiedad, estrés crónico, baja autoestima, bloqueo creativo e incluso llevar al agotamiento profesional.
Muchas personas con síndrome del impostor trabajan más de la cuenta para “compensar” esa supuesta falta de valía. O evitan exponerse, pedir aumentos, aceptar oportunidades o mostrar su trabajo por miedo a no estar a la altura.
¿A quién afecta el síndrome del impostor?
Aunque cualquiera puede experimentarlo, hay perfiles en los que aparece con más frecuencia:
- Personas muy exigentes consigo mismas.
- Profesionales creativos y del conocimiento.
- Personas que han cambiado de sector o han dado un salto profesional reciente.
- Quienes trabajan en entornos competitivos.
- Emprendedores y freelancers.
- Personas que pertenecen a minorías o colectivos infrarrepresentados.
Curiosamente, no suele afectar tanto a quienes tienen menos competencias, sino a quienes sí las tienen y son conscientes de todo lo que aún no saben.
El papel de la comparación constante en el síndrome del impostor
Vivimos en una época especialmente propicia para el síndrome del impostor. Las redes sociales, los logros visibles, los casos de éxito y las métricas públicas alimentan una comparación constante.
Nos comparamos con el resultado final de otros mientras solo conocemos nuestro propio proceso, lleno de dudas, errores y versiones descartadas.
El problema no es inspirarse en otros, sino usar esa comparación como una prueba de que “no somos suficientes”. Y eso ocurre incluso cuando objetivamente lo somos.
¿Por qué el síndrome del impostor no desaparece con el éxito?
Uno de los grandes mitos es pensar que el síndrome del impostor se cura cuando alcanzas cierto nivel: más experiencia, más clientes, más reconocimiento.
La realidad suele ser la contraria. Cada nuevo escalón viene acompañado de nuevos estándares, nuevas comparaciones y nuevas expectativas. El listón sube, y con él la sensación de no estar preparado.
Por eso hay personas con carreras brillantes que siguen sintiéndose impostoras después de 10, 20 o 30 años.
Consecuencias del síndrome del impostor
Cuando no se gestiona, el síndrome del impostor puede afectar de muchas formas:
- Bloqueo a la hora de crear o compartir contenido.
- Dificultad para poner precio al propio trabajo.
- Tendencia a aceptar menos de lo que se merece.
- Miedo a exponerse o a asumir liderazgo.
- Sensación constante de desgaste emocional.
A largo plazo, puede llevar a abandonar proyectos valiosos no por falta de talento, sino por exceso de duda.
El impostor y la identidad profesional
Uno de los aspectos más delicados del síndrome del impostor es que ataca directamente a la identidad. No cuestiona solo lo que haces, sino quién eres.
No es “este trabajo no ha salido bien”, sino “yo no soy suficiente”.
Separar identidad de resultados es uno de los aprendizajes más importantes para reducir su impacto.
¿Se puede superar el síndrome del impostor?
Más que superarlo, muchas personas aprenden a convivir con él. La clave no está en eliminar la duda, sino en no dejar que decida por ti.
Algunas estrategias útiles:
- Nombrarlo cuando aparece.
- Contrastar pensamientos con hechos reales.
- Hablarlo con otras personas.
- Normalizar el error como parte del proceso.
- Dejar de esperar sentirse “listo del todo”.
La acción suele ser un mejor antídoto que la espera eterna a la seguridad.
La importancia de compartir el proceso
Una de las formas más efectivas de desmontar el síndrome del impostor es compartir el proceso, no solo el resultado.
Cuando escuchas a otras personas hablar de sus dudas, bloqueos y miedos, algo encaja. Te das cuenta de que no eres un fraude, sino humano.
La vulnerabilidad bien entendida no resta autoridad; suele generar conexión.
El impostor como señal (y no como enemigo)
Hay quien interpreta el síndrome del impostor como una señal de crecimiento. Aparece cuando sales de la zona conocida y te enfrentas a retos nuevos.
Desde este punto de vista, no es un enemigo que haya que eliminar, sino una alarma que indica que estás aprendiendo algo nuevo.
La diferencia está en quién lleva el volante.
Aprender a convivir con la duda
La seguridad absoluta es una ilusión. La mayoría de personas que admiramos no saben exactamente lo que están haciendo todo el tiempo. Avanzan a pesar de la duda.
Aceptar esto no te hace menos profesional. Te hace más honesto.
Reflexión final sobre el síndrome del impostor
El síndrome del impostor no habla de falta de talento, sino de exceso de autoexigencia. No aparece porque no valgas, sino porque te importa hacerlo bien.
Escuchar esa voz crítica no es el problema. El problema es creerle todo lo que dice.
Aprender a seguir adelante incluso cuando la duda acompaña es, en muchos casos, la verdadera prueba de madurez profesional.
Y quizá no se trate de dejar de sentirse impostor algún día, sino de dejar de permitir que esa sensación decida hasta dónde puedes llegar.
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